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Cataluña cuenta actualmente con una población de más de siete millones de habitantes, más de mil años de historia y una cultura y una lengua propias que han ido configurando su personalidad.
Los catalanes han estado siempre abiertos a todo el mundo. Les gusta recibir a los forasteros y enseñarles su tierra. Quizás por eso sea un pueblo turístico por naturaleza.
Cada año, millones de turistas se concentran en el litoral catalán, sin advertir que tierra adentro, pero muy cerca de ese mar Mediterráneo, tan luminoso, hay otros lugares de interés turístico, monumental o paisajístico que también merecen ser visitados.
Al oeste se encuentra Lleida (Lérida) y su demarcación, zona frutera de Catalunya y famosa por su aceite de oliva y su ruta de iglesias románicas. Hacia el norte está Girona (Gerona), con su importante barrio judío, el Call, rehabilitado hace pocos años, y Figueres, donde se halla el Museu Dalí, el segundo más visitado del Estado.
A 60 kilómetros de Barcelona se encuentra Montserrat, conjunto de singulares montañas rocosas, emplazamiento del monasterio donde se rinde culto a la Mare de Déu de Montserrat, popularmente “la Moreneta”, virgen patrona de Catalunya. No muy lejos de allá está la comarca del Penedès, zona vinícola de gran tradición donde se produce el “cava” que bebe medio mundo.
Hacia el sur está Tarragona, capital meridional de Catalunya, que constituyó el principal baluarte del imperio romano en la Península Ibérica. Entre otros alicientes, ofrece un paseo arqueológico de inexcusable visita. También deberás conocer la llamada ruta de los monasterios, en la que Poblet, Santes Creus y Vallbona de les Monges constituyen claros exponentes de la arquitectura de la transición del románico al gótico.
Al norte del litoral catalán está la Costa Brava, con su interminable sucesión de playas, calas y acantilados, en que los pinos, que nacen a ras del mar, presentan un aspecto excepcional. Cerca de allí, podrá visitar Empúries (Ampurias), con sus impresionantes ruinas testimonio del paso de griegos y romanos antes de Cristo. En la zona sur, a 35 kilómetros de Barcelona, está Sitges, una población blanca de acusada personalidad famosa por su animada celebración del carnaval y su ambiente bohemio. Constituye un magnífico preludio de las playas de arena fina que caracterizan la Costa Daurada.
La cordillera de los Pirineos merece un capítulo aparte. Se trata de la frontera natural con Francia y Andorra, repleta de estaciones de esquí. En los Pirineos se encuentra el valle de Núria, que tiene como único medio de acceso un tren cremallera y cuenta con todo tipo de servicios e infraestructuras para la práctica de los deportes relacionados con la nieve. Sus escenarios naturales son ideales también para los que deseen practicar el montañismo o los deportes de aventura.
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